marzo 20, 2010

///005 MAÍZ: LA COMIDA Y EL CONSUMISMO by Marco Benigno

Claudia Ramirez (MFB)

Claudia Ramirez recreates Mexico’s edible spoon in protest of GM foods (MFB)

TIJUANA – Roasted, ground, flattened, and refined, corn is the Mexican staple.

While its white variety is indigenous to the land, according to the U.S. Agriculture

Department, 89% of Mexico’s yellow corn is imported almost entirely from the U.S.,

a dependency that has alarmed the Mexican government.

In light of global food shortages and rising food prices, officials have taken controversial

measures to reduce its dependency on foreign exports. Last fall, the government issued

genetically modified (GM) seed permits to boost production in unarable regions.

Angered by the decision, small farmers and environmentalists have protested in fear that

the move would lead to the contamination of their native corn. Although GM seeds have

been proven to increase yield of crop and improve its resistance to pests and drought,

their long term effects on human health and the ecosystem remain unknown.

But the concern for activists like Tijuana-based Claudia Ramirez lies not only in the

ambiguous science of GM crops but more importantly in the privatization of seeds and

its subsequent displacement of independent and indigenous farmers.

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marzo 16, 2010

México: Totalitarismo transgénico amenaza al mundo campesino

México: Totalitarismo transgénico amenaza al mundo campesino
Domingo, 7 de Marzo de 2010

(Radio Mundo Real – Biodiversidadla)


Argenpress 3 de marzo.- Entrevista a Ramón Vera Herrera. En una audiencia pública, pequeños agricultores, indígenas y ambientalistas reunirán evidencias para conformar un nutrido expediente a ser presentado ante tribunales internacionales.

«El caso sería la contaminación transgénica en México -explicó Ramón Vera Herrera, de GRAIN México-, pero también tendríamos que citar el caso de la FAO, que está evidentemente haciendo promoción de las empresas biotecnológicas como solución, [...] que nos está queriendo decir que puede haber una convivencia entre lo biotecnológico, y lo nativo, lo natural».

La audiencia, a realizarse este martes y miércoles en la ciudad mexicana de Guadalajara, marcará el punto de mayor atención del encuentro de organizaciones de la sociedad civil Los transgénicos nos roban el futuro. Con las contribuciones recogidas las organizaciones también llevarán a cabo un juicio campesino y popular a los transgénicos.

«Por lo menos hay 1400 millones de personas que se dedican a la agricultura sembrando sus propios alimentos y además dan de comer al resto de la humanidad», señaló el activista.

«A fin de cuentas lo que están diciendo es que la convivencia no importa tanto, cuando sabemos que es gravísima, que la contaminación va a ser un hecho y que todas las leyes colaterales están empujando a que haya una normatividad súper estricta, muy totalitaria contra esta visión campesina de cuidado del mundo», afirmó Herrera.

Todo tipo de intercambio libre, el guardar semillas para luego obtener nuestros propios alimentos, «base de la autonomía, del autogobierno» , podría ser penado en un futuro de semillas certificadas y homologadas por las grandes compañías agrocomerciales. Como en la peor ciencia ficción, la base alimentaria resguardada por miles de años sería criminalizada.

«En el caso de las comunidades campesinas indígenas, sobre todo las que están cercanas a la Red en Defensa del Maíz, ha habido un proceso de conciencia», dijo Herrera, y señaló: «La visión indígena, es diferente de la del agricultor comercial, porque para el campesino, el indígena, sembrar es un asunto de vida».

No es solamente «etnográfica o folclórica» la diferencia de la que habla Herrera. El referente de GRAIN dio un ejemplo de la percepción que las comunidades campesino-indí genas tienen sobre su vida y entorno: «Les importa mucho los detalles de lo cotidiano, del trabajo entre toda la comunidad para poder defender su maíz y en general sus semillas, su forma de ver el mundo, de cuidar el todo».

La Red en Defensa del Maíz surge a finales de 2001 y aglutina a comunidades que abarcan desde el centro al sur de México. «Hay algunas que son de campesinos mestizos y algunas redes de agricultores incluso orgánicos o sustentables» , apuntó Herrera, y destacó que «el núcleo fuerte son las comunidades indígenas».

En cambio, hacia el norte del territorio mexicano las diferencias saltan a la vista, porque «ahí hay otra historia de colonización y, como tal, otra historia de trabajo en el campo», precisó. Son grandes extensiones de terreno donde la gente antes de la conquista era nómada y no poseía su siembra, «y se pudo implantar una agricultura del tipo comercial o del tipo industrial en los peores casos».

Es en esta última región donde el gobierno federal está «experimentando» con semillas genéticamente modificadas. La Red en Defensa del Maíz ha abierto un canal de encuentro entre campesinos e indígenas «donde pueden compartir sus saberes ancestrales de una u otra región y [...] defenderse de la invasión de los transgénicos», comentó Herrera.

Paralelo al camino que iniciara la red para fortalecer el intercambio ancestral de semillas nativas y defender la cosmovisión campesina, se aprobó una ley que, con el visto bueno de las grandes empresas, promueve la tecnología transgénica y su liberación al mercado.

«Implica leyes de semillas que promueven la privatización a través de patentes muy fuertes y la certificación de semillas, y por otro lado, tarde o temprano, [...] lo que quisieran es criminalizar el intercambio o incluso promover monitoreos», afirmó Herrera, quien prevé un escenario donde las semillas que no estén «normadas» o certificadas, como las semillas nativas, serán «erradicadas».

Para el activista es claro que «los transgénicos no son solamente una innovación tecnológica que falló o que no entienden que está mal». Al involucrar el hecho de homologar, patentar y registrar las semillas, criminalizan «las semillas libres que han sido la base de la agricultura campesina durante 10 mil años».

«Si nosotros como mundo, como pueblos, nos quedamos sin esas semillas libres, sin esos canales de confianza que significan saberes ancestrales, podemos estar en un grave problema, porque de ahí se vienen controles más tremendos [...], se avisora un campo controlado por militares», agregó.